Páginas

El tío Juan

Nunca, voy a olvidar el día que llegó el Tío Juan a mi casa, yo tenía alrededor de los 13 o 14 años, ya estaba grande, era un miércoles, eso si recuerdo porque era temprano y yo estaba en el departamento en que vivía mi familia (los miércoles salía temprano del colegio). El Tío Juan era el mítico amigo de mi madre, compañero de sueños, en sus aventuras revolucionarias de aquella época en dónde los jovénes aún tenían ideales (aunque ahora los tienen pero son ideales, como tener éxito, un mercedes o vivir bien).
Este tío Juan llegó esa mañana, ebrio como de costumbre, vestía como siempre, vestón, chaqueta, patalón y zapatos (describo su vestimenta porque no sería raro que llegara desnudo). Lo primero que hizo fue hablarme del valor que tenía mi madre y sus experiencias en el campo en la época de la reforma agraria y ellos ibán a los campos a prácticar técnicas de guerrilla, mientrasa el bebía su vino. Para ese entonces, yo no sabía de que fumaba marihuana, de hecho ni siquiera yo pensaba en eso.
Y porqué esto, el escribir acerca del tío Juan. Pasa que hoy en día, gracias a estas nuevas plataformas de comunicación, me escribo con el tío Juan. Al contrario de otros tíos que uno veía como grandes autoridades o personas "exitosas" que tenían proyectos etc., nada es el mismisimo tío Juan el que me buscó en Facebook, me agregó y más encima me manda correos contandome que cuando escucha algo por la calle, como un estruendo y mira a su alrededor, son casi siempre niños en patinetas y siempre se acuerda de mí.
Yo hasta hace unos meses atrás, me imaginaba al tío Juan en una cantina de Osorno, ese Osorno de cantinas ediondas, con moscas adentro, con viejos vendiendo cola de mono y ajíacos que despiertan a los verduleros que llegan de la costa, con las cholgas y pescados, con sus lechugas, papas, rabanitos y atados de cilantro. Ebrios, acompañados de sus señoras (porque son ellas las que llevan el sustento al hogar). Eso si no vaya a ud. pensar que ellos andan sin afeitarse o despeinados. No en lo absoluto, la camisa siempre bien planchada, los pantalones con un calce perfecto, la chaqueta y el chaleco bien puesto.
El tío Juan, ha de ser como una institución de mi casa, era normal que en la mitad de la semana el llegara ebrio en busca de una sopa, a conversar. Cada vez que se iba mi padre decía, que lástima como se pierde, este debe ser uno de los tipos más brillantes que he conocido en mi vida. Lamentable, sin embargo, hoy me he dado cuenta que quizás es en ellos donde se anida la inteligencia y noe stá relfejada en esas columnas que son los profesores en la aulas de las universidades. Más que mal, cada vez que veo un borracho en una esquina botado, implorando por una moneda vez ahí a alguien libre.
Todos los días, desde hace unos meses, me bajo en la estación de metro La Moneda,ahí veo a un mendigo que comer ozobuco con la mano, luego salgo y hay un mendigo leyendo un papel, pero les digo que todos los días, avanzo pasó enfrente de Palacio y hay otro acostado afuera del BancoEstado. Yo al igual que muchos otros, vamos empaquetados a nuestros respectivos puestos, nos sentimos bien, muy bien.
¿Cómo creen ud que se sienten ellos? ¿Se sentirán presos? ¿Sentirán Libertad?
¿Se sentirán exitosos?
Eso mismo es lo que quiero plantear al hablarles de mi tío Juan, el tuvo el valor que muchos no tenemos el de tomar (literalmente) el camino de la libertad.

2 comentarios:

E.L.C dijo...

Me gusto mucho la historia. Esta bien escrito, al final me perdí un poco. En todo caso, lo que yo creo, es que cuando uno toma un camino, si eres un ser medianamente inteligente, es con el objetivo de ser feliz, cada uno toma el que mas le calza. El tema es cuando uno va caminando por paseo ahumada o isidora goyenechea vestida de seudo ejecutiva y se cruza alguna o algunos de jeans escuchando música en un skate u otros sentados en un banco disfrutando del sol cagados de la risa, ahí es cuando me pregunto si realmente estoy en el camino correcto por esa sana envidia de poder estar como otros que según yo "están libres". Por suerte me siento como tu Tío Juan, después de un rato pienso que me calza ser la que camina hacia "algo" haciendo casi todo lo que me gusta. Debo tener suerte.
Pero si, hay que tener cojones para ser como tu tío.
SLDS

Nicolas Cruz dijo...

Y si, es verdad, no es fácil, hay que tener cojones.
Me cuesta y me ha costado mucho en la vida tomar el camino por el que YO quiero seguir, es quizás por flojera, por comodidad, aunque finalmente hago lo que quiero (siento), pero no sé si lo que uno quiere se amolda mucho a los sueños.
Es como eso lo que me provoca una frustración o más bien eso que sientes tu, esa como pequeña sana envidia, el problema es que no es con otros sino con mis sueños.